Yo tenía un osito
Relato por Adalberto Nieves
Yo tenía un osito, no recuerdo si le puse nombre ni recuerdo su origen. Supongo fue un regalo de mis padres cuando tenía entre dos y tres años.
Lo que si recuerdo es que era un oso grande, de peluche de dos colores: amarillo y marrón oscuro y tenia un lazo grande, así como ojos saltones.
Era en mi infancia y vivíamos en una humilde pero alegre casa en el oeste de la ciudad, la misma casa que me vio nacer y donde nacieron también mis dos hermanos. Mi hermana no había nacido aún, pues nació tres años después que yo. Y mi hermano era ya tres años mayor.
Mi osito era un buen compañero y si era momento de tomarse alguna fotografía, cosa que mi papá hacía con una cámara que parecía un cajón negro, con un lente al frente y un botoncito rojo que no se para que era, mi oso tenía que aparecer en esa foto. Hoy me alegro tenerla aun entre los recuerdos familiares, porque el oso desapareció de un modo algo traumático para mi.
Mi casa tenia un patio trasero, lleno de matas y cosas curiosas, al menos eso parecían para mi corta edad e inteligencia. Recuerdo el patio porque en el también había un gran barril en el que se guardaba agua limpia para cuando no llegara por las tuberías. Yo no alcanzaba a mirar dentro de ese tanque por ser muy alto para mis escasos 93 centímetros, pero sabía que estaba siempre lleno de agua.
Un día no encontraba aquel osito. Busqué por todos los cuartos de la casa, porque eran varios; también revisé en los cuartos del patio posterior, donde se guardaban muebles y objetos viejos. No parecía haber rastros de mi amigo el oso.
Si inteligencia no tenía mucha aun, si me acompañó siempre un sentido especial de intuición. Se me ocurrió hacer algo que no había hecho antes. Tomé un pequeño taburete del patio, lo puse al lado del barril del agua, levante la tapa que pesaba bastante y miré atónito al fondo donde yacía el pobre oso.
Recuerdo que no lloré. Fui en busca de algo que me sirviera para el rescate y conseguí un grueso alambre al que hice una especie de gancho en un extremo. Volví a la altura que me propiciaba el taburete y pesqué al oso con la improvisada caña de pescar. Mi amigo el oso pesaba mucho y al salir de la profundidad fría del barril, chorreaba gran cantidad de agua.
Pretendí ponerlo a secar al sol, bien dispuesto en la época de año que mas calor hacía. Allí lo deje boca arriba, inocente el oso de lo que sucedía e inocente yo de su destino.
Al día siguiente no estaba donde lo dejé. No lo busqué porque pensaba que alguien había dispuesto otro destino para él.
Tiempo después mi mamá aclaró el punto, también descubrí al culpable de aquel ahogamiento felpudo. Había sido mi hermano, travieso e inventor de nacimiento, quien había introducido al oso al barril para ver que pasaba, si flotaba o se iba al fondo. Mi mamá cuando encontró a la victima tendida al sol, todo emparamado y maloliente, decidió que mejor sería desaparecerlo. Supongo ahora que el camión de basura debe haber sido el transporte al mas allá.
No volví a ver el oso, hasta hoy cuando encontré una fotografía donde está bien sentado a mi lado, en un cómodo sillón.
Fotografiar con las nuevas tecnologías nos da un aire fresco a quienes pensamos y vemos fotográficamente. recientemente adquirí un iPhone 4S y de inmediato instalé las aplicaciones más populares para fotografía, siendo instagram la que me atrapó desde el comienzo de esta nueva aventura. Ya varios de mis amigos colegas la estaban utilizando y no me di cuenta de las posibilidades hasta que comencé a usarla. Lo más importante, puedo fotografiar en cualquier momento, con cualquier condiciones de luz, cuando me provoca porque no lo limita nada, salvo tener una conexión wifi o 3G para enviarla al cyberespacio. De cualquier modo, me mantiene haciendo click constantemente, a veces para bien y otras no tanto.
Una virgen en la ventana.
Tenía tiempo no publicaba una fotografía en éste mi rincón para compartir. Hoy pude buscar un par de rollos revelados y digitalizados que había tomado en Maracaibo hace varios meses. Una mirada rápida por el contenido bastó para encontrar unas cuantas imágenes que me atraparon, por sus colores, sus trazos y texturas, esas características de la lomografía que no descubres hasta tener ya en mano el resultado.
De todas esas imágenes, ésta en particular me gustó sobremanera. Una virgen detrás de las rejas de una ventana, de esas que se encuentran en las viejas casonas por el centro de Maracaibo. Muy apropiada por cierto hoy, víspera del día de la chiíta, la gran fiesta de la capital juliana. A Maracaibo se la dedico.
La luz entrando por la ventana es suficiente para iluminar su lectura. Su nombre es Isabel y es mi madre. Yo en mi mesa de trabajo justo detras de su sillón, manipulando la cámara para ajustar y salir a hacer fotografías. Quería hacer una prueba de exposición y disparé al frente. Luego me di cuenta que me gustaba la imagen que acababa de hacer.
Luego salí a la calle y solo hice pocos disparos, la agenda de la mañana reclamaba mi atención y otros asuntos se llevaron el tiempo disponible. De regreso a casa revisé la tarjeta de memoria con la intención de revelar y publicar alguna de las tomas, pero fué ésta primera fotografía, casi de pueba la que me invitó a revelar y publicar. Me gusta su luz, sus tonalidades, pero sobre todo me gusta la paz que me transmite, ver una señora que casi llega a los 90 disfrutando de su lectura de una Vanity Fair.
A cada fotografía le llega su momento.
Pasa que hacemos cientos de fotografías, al menos yo no me limito al hacerlas, quedando después casi olvidadas en un disco duro. Pero luego viene lo grato de este oficio, revisar archivos del pasado y encontrase con imágenes que quizás hicimos y no le dimos mucha importancia pero descubrimos que tienen algo de interesante y ese es el momento de publicarla.
Esta fotografía pertenece a una curiosa serie que hice una noche a finales del verano de 2009 en New York, parado en un mismo punto, frente a una pared de tablas de una construcción en pleno Broadway, con iluminación de colores de los grandes avisos. llovía y la gente pasaba apurada frente a mi sin siquiera notar que les tomaba fotografías. esta serie tiene todos los pecados capitales de la fotografía, movidas, desenfocadas, saturadas de color y otros detallitos que al final encuentro son más interesantes que la perfección. la serie completa la publicaré en mi flickr, pero dejo ésta que en particular es a mi gusto, una buena escena.
Un trabajo en el que muchos no me reconocerían es el de estudio.
Pocas veces he incursionado en ese difícil arte de la fotografía con pre-producciones y modelos. La participación en los talleres de la Escuela Fotoarte me ha dado la oportunidad de probar mis actitudes para hacerlo. Es algo completamente diferente a lo que he acostumbrado hacer y lo que he publicado en mis blogs. La grata experiencia vivida en el Taller de Retrato Creativo con Andrés Manner me motiva a mostrar parte de lo realizado.
Solo el futuro dirá si algún día continúo este tipo de proyectos, mientras tanto lo disfruto.
Espacios interiores.
Un motivo frecuente en mis fotografías son los espacios. Ayer decía un gran profesor que todo fotógrafo es vouyerista, que eso no se puede negar. Yo no dudo en reconocer esa sentencia. En mi caso el vouyerismo se traduce en un exceso de observación y fascinación por los espacios interiores en viviendas o lugares donde me encuentre. Ver los objetos en desorden, tal como han sido dejados por otras personas, lo contradictorio entre unos y otros, lo vistoso o lo feo de algunos, la armonía o desarmonía entre ellos, pasan a ser un cuadro pictórico a mi vista. Y mis pinceles van a ser cámara y lente. Ese cuadro lleno de objetos en un tema que me inspira para fotografíar.
Empacados.
Se dice “no importa la cámara”, yo agrego “no importa el motivo”. Todo puede ser fotografiado si lo que se busca es una imagen que de alguna manera invite a observarla. Las formas, las texturas, los colores, la combinación de todo ello contribuye al resultado final. No puedo dejar de ver lo que me rodea, a recrearme en objetos, figuras sean animadas o no. Todo a mi alrededor se me antoja como un sujeto que puede componer una fotografía y quizás peco al hacer click ante muchas cosas que pueden ser insignificantes. pero si lo hago es porque eso que fotografío llamó mi atención y algo debió decirme. me gusta hacerlo, suficiente razón.
Un alto en el camino.
Me paso una vez, en esos viajes de trabajo, que intentaba llagar a un lugar donde hay un terminal de embarque de productos de petróleo de refinerías. Tomé la dirección indicada y recorrí un par de kilómetros desde la carretera principal pero en llegué a un punto donde no podía avanzar más por un cruce de río que pasaba sobre el camino.
Hice un alto algo frustrado pero esa sensación cambió inmediatamente a la grata impresión ante un paisaje poco frecuente y muy bello. Mi siempre dispuesto iphone hizo el trabajo restante. Aquí dejo el registro del lugar y el momento.
Una barcaza a la espera de la hora para navegar el rio. Son las 2 de la tarde y el sol tiene más fuerza que las ganas de salir. Las tranquilas aguas del inmenso Orinoco a su paso por Ciudad Bolivar parecen un refugio de frescura y brinda el relax necesario a ésta hora. El hombre toma un trago para mitigar la sed y se refugia en la sombra del cobertor amarillo bandera. En conjunto, los colores primarios hacen fiesta y brindan a mi vista un paisaje minúsculo casi íntimo. Debo fotografiarlo, uso el único recurso en mi mano, el inseparable teléfono que tantas veces me a salvado de perder un recuerdo.
Hubo una época en que viajaba y siempre llevaba como principal equipaje mi pequeña y cómoda cámara Olympus OM1. Si, usaba una cámara analógica - como la llaman ahora- solo que eran esas las que existían. Había película a color, por supuesto, tampoco soy tan viejo, pero tenía una predilección por el blanco y negro para mis fotos.
En uno de esos viajes, allá por 1989, estuve visitando Paris y por fortuna llevaba mi cámara. Hice una serie de fotografías por esas calles. Era un turista más, pero ya tenía la intención de hacer fotografías sin saber que estaba documentando, eso lo aprendí después que existía una rama de fotografía que se conocía como documental. En todo caso, me detenía en cualquier lugar y hacía click.
Guardé esas fotografía por mucho tiempo sin saber que hacer con ellas. Los negativos no se si están en alguna parte que no he podido descubrir aun. pero gracias tecnología, tengo un scanner, nada del otro mundo, pero pude rescatar esas fotografías y digitalizarlas para conveniencia a la hora de publicar o re-imprimir.
Esta es la primera de la serie que titulo “Paris 1989”. Me gusta recordar aquellos días y disfruto viendo de nuevos mis fotografías.
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