Adalberto Nieves. Caracas anievesr@gmail.com @adal23 Mi lugar para mostrar una a una, las fotografías que de repente han surgido de mi mente y se han transformado vía cámara en una imagen imperecedera.

free contadores

15th April 2012

Photo

Yo tenía un osito
Relato por Adalberto Nieves
 
 
Yo tenía un osito, no recuerdo si le puse nombre ni recuerdo su origen. Supongo fue un regalo de mis padres cuando tenía entre dos y tres años.
Lo que si recuerdo es que era un oso grande, de peluche de dos colores: amarillo y marrón oscuro y tenia un lazo grande, así como ojos saltones.
Era en mi infancia y vivíamos en una humilde pero alegre casa en el oeste de la ciudad, la misma casa que me vio nacer y donde nacieron también mis dos hermanos. Mi hermana no había nacido aún, pues nació tres años después que yo. Y mi hermano era ya tres años mayor.
Mi osito era un buen compañero y si era momento de tomarse alguna fotografía, cosa que mi papá hacía con una cámara que parecía un cajón negro, con un lente al frente y un botoncito rojo que no se para que era, mi oso tenía que aparecer en esa foto. Hoy me alegro tenerla aun entre los recuerdos familiares, porque el oso desapareció de un modo algo traumático para mi.
Mi casa tenia un patio trasero, lleno de matas y cosas curiosas, al menos eso parecían para mi corta edad e inteligencia. Recuerdo el patio porque en el también había un gran barril en el que se guardaba agua limpia para cuando no llegara por las tuberías. Yo no alcanzaba a mirar dentro de ese tanque por ser muy alto para mis escasos 93 centímetros, pero sabía que estaba siempre lleno de agua.
Un día no encontraba aquel osito. Busqué por todos los cuartos de la casa, porque eran varios; también revisé en los cuartos del patio posterior, donde se guardaban muebles y objetos viejos. No parecía haber rastros de mi amigo el oso.
Si inteligencia no tenía mucha aun, si me acompañó siempre un sentido especial de intuición. Se me ocurrió hacer algo que no había hecho antes. Tomé un pequeño taburete del patio, lo puse al lado del barril del agua, levante la tapa que pesaba bastante y miré atónito al fondo donde yacía el pobre oso.
Recuerdo que no lloré. Fui en busca de algo que me sirviera para el rescate y conseguí un grueso alambre al que hice una especie de gancho en un extremo. Volví a la altura que me propiciaba el taburete y pesqué al oso con la improvisada caña de pescar. Mi amigo el oso pesaba mucho y al salir de la profundidad fría del barril, chorreaba gran cantidad de agua.
Pretendí ponerlo a secar al sol, bien dispuesto en la época de año que mas calor hacía. Allí lo deje boca arriba, inocente el oso de lo que sucedía e inocente yo de su destino.
Al día siguiente no estaba donde lo dejé. No lo busqué porque pensaba que alguien había dispuesto otro destino para él. 
Tiempo después mi mamá aclaró el punto, también descubrí al culpable de aquel ahogamiento felpudo. Había sido mi hermano, travieso e inventor de nacimiento, quien había introducido al oso al barril para ver que pasaba, si flotaba o se iba al fondo. Mi mamá cuando encontró a la victima tendida al sol, todo emparamado y maloliente, decidió que mejor sería desaparecerlo. Supongo ahora que el camión de basura debe haber sido el transporte al mas allá.
No volví a ver el oso, hasta hoy cuando encontré una fotografía donde está bien sentado a mi lado, en un cómodo sillón.

Yo tenía un osito

Relato por Adalberto Nieves

 

 

Yo tenía un osito, no recuerdo si le puse nombre ni recuerdo su origen. Supongo fue un regalo de mis padres cuando tenía entre dos y tres años.

Lo que si recuerdo es que era un oso grande, de peluche de dos colores: amarillo y marrón oscuro y tenia un lazo grande, así como ojos saltones.

Era en mi infancia y vivíamos en una humilde pero alegre casa en el oeste de la ciudad, la misma casa que me vio nacer y donde nacieron también mis dos hermanos. Mi hermana no había nacido aún, pues nació tres años después que yo. Y mi hermano era ya tres años mayor.

Mi osito era un buen compañero y si era momento de tomarse alguna fotografía, cosa que mi papá hacía con una cámara que parecía un cajón negro, con un lente al frente y un botoncito rojo que no se para que era, mi oso tenía que aparecer en esa foto. Hoy me alegro tenerla aun entre los recuerdos familiares, porque el oso desapareció de un modo algo traumático para mi.

Mi casa tenia un patio trasero, lleno de matas y cosas curiosas, al menos eso parecían para mi corta edad e inteligencia. Recuerdo el patio porque en el también había un gran barril en el que se guardaba agua limpia para cuando no llegara por las tuberías. Yo no alcanzaba a mirar dentro de ese tanque por ser muy alto para mis escasos 93 centímetros, pero sabía que estaba siempre lleno de agua.

Un día no encontraba aquel osito. Busqué por todos los cuartos de la casa, porque eran varios; también revisé en los cuartos del patio posterior, donde se guardaban muebles y objetos viejos. No parecía haber rastros de mi amigo el oso.

Si inteligencia no tenía mucha aun, si me acompañó siempre un sentido especial de intuición. Se me ocurrió hacer algo que no había hecho antes. Tomé un pequeño taburete del patio, lo puse al lado del barril del agua, levante la tapa que pesaba bastante y miré atónito al fondo donde yacía el pobre oso.

Recuerdo que no lloré. Fui en busca de algo que me sirviera para el rescate y conseguí un grueso alambre al que hice una especie de gancho en un extremo. Volví a la altura que me propiciaba el taburete y pesqué al oso con la improvisada caña de pescar. Mi amigo el oso pesaba mucho y al salir de la profundidad fría del barril, chorreaba gran cantidad de agua.

Pretendí ponerlo a secar al sol, bien dispuesto en la época de año que mas calor hacía. Allí lo deje boca arriba, inocente el oso de lo que sucedía e inocente yo de su destino.

Al día siguiente no estaba donde lo dejé. No lo busqué porque pensaba que alguien había dispuesto otro destino para él.

Tiempo después mi mamá aclaró el punto, también descubrí al culpable de aquel ahogamiento felpudo. Había sido mi hermano, travieso e inventor de nacimiento, quien había introducido al oso al barril para ver que pasaba, si flotaba o se iba al fondo. Mi mamá cuando encontró a la victima tendida al sol, todo emparamado y maloliente, decidió que mejor sería desaparecerlo. Supongo ahora que el camión de basura debe haber sido el transporte al mas allá.

No volví a ver el oso, hasta hoy cuando encontré una fotografía donde está bien sentado a mi lado, en un cómodo sillón.